miércoles, 21 de enero de 2015

LA ESQUINA MAS HERMOSA DE BOGOTA


El claustro del colegio San Bartolomé, ligado visualmente con la torre y la cúpula de la iglesia de San Ignacio, el Palacio Arzobispal y el Capitolio Nacional, conforman un interesante conjunto arquitectónico que hace de este lugar –carrera séptima con calle décima– una de las más hermosas esquinas bogotanas para dibujar.




Al estar situado en la Plaza de Bolívar en la esquina de la carrera séptima con calle décima, mirando hacia el sur-oriente y hacer  un recorrido visual siguiendo el giro de las manecillas del reloj, a la inspiradora panorámica que se tiene, el primer elemento que le sirve de marco es el edificio Palacio Arzobispal –bastante nuevo allí, ya que fue construído entre 1951 y 1953 en el predio que ocupaba hasta alrededor de 1948 la casa de la Aduana Real, lastimosamente desaparecida ya que tenía una interesante arcada hacia la plaza–, edificio en el que su diseñador Alfredo Rodríguez Ordaz no pretendió “lucirse” y logró así mimetisarse con la vecina catedral, y esto con el tiempo le fue otorgando una precoz  pero muy favorable pátina. Recomiendo, (si pueden, ya que está oculta detrás de horribles vidrios “polarizados”) que le den una mirada a la puerta de bronce, es muy linda, diseñada por el escultor Vico Consorti, que también diseñó una puerta de la Basílica de San Pedro.




El segundo componente es la plazoleta Camilo Torres, que entre otras cosas es la que permite ver la cúpula de San Ignacio; la plazoleta apareció hacia 1955 al ser demolida esta parte del claustro del colegio San Bartolomé, luego de la destrucción que sufrió durante la revuelta ocurrida en Bogotá el 9 de abril de 1948, tras el asesinato del líder político Jorge E. Gaitán.



Tanto la fachada como la plazoleta fueron diseñadas por el mismo Rodríguez del Palacio Arzobispal, tal vez por eso lo armónico del conjunto, aunque hay quienes dicen que la fachada del colegio San bartolomé que enmarca la plazoleta es obra de los hermanos Pedro y Ramón Subero.




Enseguida los ojos se posarán en el más antiguo y bello elemento arquitectónico que tiene la esquina y Bogotá, la cúpula de la iglesia de San Ignacio ésta es la segunda cúpula, ya que la original proyectada por Coluccini en 1610 se derrumbó en un temblor en 1763–.



La cúpula que hasta hoy  resiste se levantó varios años después, y también tuvo  fallas que hicieron necesaria una recursiva reparación en 1805, que consistió en asegurarla con cadenas a los muros que la sostienen.




El cuarto elemento, que hace que esta sea la esquina más hermosa de Bogotá es la fachada occidental del colegio San Bartolomé, que como la fachada que sirve de telón a la plazoleta Camilo Torres, es obra de los hermanos Pedro y Ramón Subero, y que no entiendo porqué algunos entendidos en arquitectura señalan como “lo mejorcito” del estilo republicano (¿republicano de la segunda mitad del siglo XX?).





El quinto elemento –esta vez no es el amor–, es el remate visual hacia el sur que no podía ser menos que todo el conjunto, y más bien lo enaltece, es el esbelto torreón del colegio San Bartolomé, coronado con una romántica cúpula de cobre.


El marco de esta postal lo completan las siluetas de vasos, gárgolas y de criaturas mitológicas que rematan el ático del Capitolio Nacional, contundente edificio próximo a cumplr ciento setenta años, diseñado por quien fuera el primer arquitecto que pisó tierras bogotanas, y que en su larguísimo proceso constructivo “sufrió” las sucesivas interpretaciones al diseño original de Reed, que le dieron Pietro Cantini, Gastón Lelarge y Alberto Manrique entre otros.

Definitivamente una esquina para disfrutar durante horas, sobretodo en las tardes cuando el sol golpea sus fachadas y el paso de las nubes ofrecen a cada instante un juego de luces y sombras diferente y cada vez más bello, a medida que va oscureciendo.

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